lunes, 2 de mayo de 2011


Teveo

Por Álvaro González Uribe, abril 9 de 2011

Cuando el taxi estaba a punto de pasar por el parque situado al frente del viejo cementerio San Miguel en el centro histórico de Santa Marta, pese al vallenato de Jorgito Celedón que sonaba dentro del vehículo alcancé a escuchar afuera la música de tamboras. A mi izquierda, por la ventanilla entre las cortinas con los colores del Unión Magdalena -“El Ciclón Bananero”- vi un cuadro espectacular, de esos que si bien ya no me sorprenden luego de vivir por cuatro años en esta inquieta tierra sombrero de mago, nunca me dejan de conmover y recordar que resido en la cuenca del Caribe, en Macondo.

Era una marcha ordenadamente desordenada que se dirigía hacia el cementerio, y arriba, encima de la multitud que cantaba entre las tamboras, sobresalía un ataúd marrón blanqueado con maicena que danzaba al ritmo de la cadenciosa pero alegre música callejera: a un lado, al otro, arriba, abajo, adelante, atrás, ¡ay hombe!

Habían transcurrido sólo dos semanas de la celebración del carnaval de Santa Marta -pionero en Colombia, aunque menos famoso hoy que el de Barranquilla- lo cual me hizo pensar que estaba retrasado el entierro de “Joselito Carnaval”, forma como terminan estas fiestas en la región Caribe.

Pero no, dos días atrás había muerto “Teveo”, el propio, el músico popular más popular de Santa Marta; natural y siempre residente en el tradicional barrio Pescaito donde se criaron y aprendieron a jugar fútbol para Colombia y el mundo El Pibe Valderrama, Falcao García y numerosos futbolistas samarios. Teveo se llamaba Pedro Modesto del Valle, y durante medio siglo fue el mejor intérprete de la música de tambora, el ritmo folclórico típico de la ciudad.

“Probablemente, lo que hoy se conoce como Fandango, Tambora o Guacherna Samaria, ha sido el resultado de varios procesos de intercambios culturales, una especie de hibridación cultural que ha tenido transformaciones en los últimos tiempos debido a las múltiples influencias foráneas y cambios generacionales. Según testimonio de los maestros Germán Hernández y Pedro del Valle [Teveo] entre otros, la música tradicional de Santa Marta se arraigó en la ciudad debido a la confluencia y aporte de muchas culturas provenientes de varias regiones del Caribe colombiano, especialmente del departamento de Bolívar (…).

Al parecer, en tiempos pasados la sonoridad samaria tenía un estilo ‘cumbiambero’ sin intervención de instrumentos aerófonos (pito cabeza de cera y flauta de millo) predominaba el canto grupal y el toque de tambores (llamador, repicador, güiro y guache). El panorama actual es diferente. Tanto el color como el estilo sonoro samario es muy particular en el contexto Caribe colombiano. La tambora o guacherna samaria ha adquirido características propias de la región. Presenta una forma única de identidad con sentido de pertenencia, es decir, es una práctica sonora muy típica de la ciudad de Santa Marta…”(1)

Esa música de tambora (descrita en la cita por el músico, docente e investigador Manuel Antonio Rodríguez A.) a cuyo ritmo bombean los corazones de los samarios más samarios, con la muerte de Teveo seguramente culminará otra etapa más de su evolución, pero iniciará otra enriquecida con la impronta perenne del maestro Pedro Modesto del valle que tanto tiempo alegró esto en la calle.

Hoy un pescaitero, tamborero de tradición el viejo Te veo Pedro Modesto del Valle Rúa murió en las horas de la mañana. El sepelio es el jueves 24 de marzo a las 10 a.m. en Santa Marta. Y que suenen las tamboras” (María Elisa Alfaro). “El día se ponía bello cuando te veo tocaba la tambora” (Hernán Granados). “Coño se nos fue un grande, q.d.e.p.” [sic] (Jaime Mejía). “Si se muere un tamborero queda el eco en el ambiente... (Juan José Martínez). Éstos son algunos de los dicientes comentarios sobre la muerte de Teveo en la cuenta “Carnaval de Pescaito” en Facebook.

Durante 50 años la tambora de Teveo amenizó las mejores rumbas populares de la Perla de América y es inmensa la tristeza de sus fans. Pero la tristeza de ese entierro lucía otro vestido de luto. No era ese que se manifiesta con llanto y miradas bajas, pues era una tristeza que sólo podía despertar cantos y jolgorio porque así vivió Teveo: al son del ritmo caribe y de la alegría “porque-sí”. Aunque tengan conexión con el alma o los recuerdos, dolor y llanto quizá no son más que formas aprendidas de manifestarse ante ciertos hechos. Puede haber otras maneras menos ortodoxas y más lógicas según el motivo, como cuando muere alguien que dedicó su vida a derramar la alegría que lo inundaba.

Encima del cortejo carnavalero, izado por fuertes brazos mestizos y morenos, se elevaba el cajón en un baile sabroso y alegre, como si el muerto estuviera adentro danzando o tratando de escaparse para bailar y cargarse él mismo para no perderse su propia última fiesta. Bajo el sol picante quienes cargaban a Teveo se movían al ritmo de las tamboras luctuosas y guapachosas.

También en estos días murieron Liz Taylor, Gloria Valencia de Castaño y Sonia Osorio, célebres de la farándula y del arte, talentosas cada una en su campo como lo fue Teveo en el suyo. Las ilustres y geniales damas mojaron más prensa que el músico samario, pero como ellas Teveo dejará un gran vacío y su obra y recuerdos quedarán para siempre resonando en el aire al vaivén de la caprichosa “Loca”, y en los oídos y en el corazón de muchos habitantes de esta ciudad dos veces santa, dos veces alegre y dos veces maravillosa. Total, la eterna niveladora se encargó ya de darles el mismo lugar a estos cuatro recientes idos, ni más arriba ni más abajo, ¿ajá?

Continuamos el camino rodando por la vía…, a la izquierda quedó el parque de San Miguel con el cortejo fúnebre-rumbero que ya empezaba a traspasar las puertas del cementerio, y al mirar atrás alcancé a ver por última vez el danzante ataúd que parecía con vida propia, aún elevado por los brazos de los compadres como una ofrenda hacia el luminoso cielo samario de aquella tórrida tarde de marzo. ¡Gracias, paz y juepajé en tu tumba gran Teveo!
________________________
(1) Rey Sinning, Edgar: “Esplendor y decadencia de los carnavales samarios”. Observatorio del Caribe Colombiano: “Cómo es Santa Marta al final del siglo XX”; Citados en Rodríguez A, Manuel Antonio: “La Guacherna samaria, un estilo musical y dancístico urbano muy particular”, disponible en http://www.musicalafrolatino.com/pagina_nueva_61.htm (fecha de acceso 15-4-11, 6:30 a.m.).

martes, 22 de marzo de 2011

La cosa negra

Álvaro González Uribe, 5 de marzo de 2011

Llegó imperceptible. Sólo pocos habitantes empezaron a notar ajeno el aire, unos por su organismo más sensible y otros porque su antigüedad les había tatuado la otrora doncellez del último oxigeno aspirado por Bolívar. La notoriedad fue creciendo cuando algunos objetos se cubrieron de un leve polvillo negro. Extraño, pero nada de qué preocuparse; total, ya eran 500 años sin mayores desvelos.

Fue la primera ciudad fundada por los españoles en América continental y poco había cambiado si se comparaba con otras urbes tanto del Caribe como de los montes andinos del sur. Claro: más gente y construcciones ya no de madera y palmas sino de ladrillos y cemento que ocupaban mayor área que la prístina aldea de 1525. Pese a su desarrollo comercial impulsado por un puerto naturalmente privilegiado y por el turismo, seguía siendo una ciudad pequeña y tranquila.

Refrescada por los alisios que llegaban del Caribe trayendo arenas del Sahara a su costa y por la clorofila de la Sierra Nevada a sus espaldas, tenía un clima ideal. Ciudad radiante, cuyas largas playas brillaban como oro, sus azules de mar y cielo azulaban como añil, y sus verdes de árboles, cerros y prados verdeaban como esmeraldas. Una caja de colores.

Pero la cosa negra llegó. Venía del sur y del oriente en grandes camiones, en trenes y por el aire, y también del mar cuando cerca del litoral se trepaba en sus olas retornando a tierra.

Poco a poco desaparecieron los colores bajo la cosa negra, y se fueron tupiendo tubos, conductos, los viejos cañones contra piratas y hasta los mínimos vasos capilares por la cosa negra. Ya era lenta la circulación dentro de los cuerpos vivos, en la ciudad y en sus construcciones ante la apelmazada masa peregrina y ubicua de la cosa negra.

Cuando empezó a ser más ostensible algunas voces protestaron, sin embargo, unas se calmaron ante las promesas de los dueños de la cosa negra y otras se fueron apagando cansadas u obstruidas por la cosa negra.

La cosa negra pasaba por la ciudad y sus alrededores para ser embarcada en cientos de buques que la transportaban allende los mares. Pero parte se quedaba enredada en la ciudad, en sus techos y escondrijos, en las sábanas, en las camisas blancas de lino, en las fachadas de la Catedral y de las casas republicanas, en la espuma de la leche de coco y en la verdad del “olparcito”, en los techos, en los trupillos y almendros, en el agua de ríos, fuentes, albercas, ciénaga y mar, y en la gente y los animales por dentro y por fuera.

Un día no hubo ya cómo encontrar una hoja blanca de papel para escribir una protesta, un memorial, una carta de amor o un poema. Muchos recurrieron a pasar su índice por entre la cosa negra para marcar sus palabras encima de lo que fuera.

La cosa negra era poderosa, imponía reglas y dirigentes, y hasta los contenidos de los renegridos textos escolares. Sin duda la cosa negra era la dueña y en tan solo 30 años instaló su manto en la ciudad.

Eso fue hace mucho tiempo. Hoy queda solo una montaña de cosa negra, más montaña que cosa, casi tan alta como la Sierra ya sin penachos blancos y también negra. Quedan sólo dos montañas negras... ¿Y la gente? La mayoría huyó de a poco, y sólo algunos se quedaron: los más obcecados, los incrédulos y los más viejos que como capitanes de barco permanecieron en su otrora cosa colorida, hasta que fueron todos sepultados por la cosa negra.
Prudencia y ética con las denuncias

Álvaro González Uribe, marzo 19 de 2011

En Colombia la gran mayoría de columnas de prensa de las últimas semanas hablan de la corrupción reinante en varias entidades estatales en cabeza de un buen número de funcionarios públicos y contratistas. Sin duda es el tema de moda en este país con sobradas razones. No seré la excepción con este escrito pero lo abordaré de otra manera que creo necesaria: escribiré sobre los no corruptos.

Las noticias sobre distintas formas de corrupción en muchos entes públicos de todos los ámbitos no cesan, y al parecer la cascada no terminará por ahora. Es una realidad triste y por supuesto hay que divulgarla, investigarla, juzgarla y castigarla. Pero está quedando la idea de que son muy pocos los funcionarios públicos y contratistas del Estado que no son corruptos y me opongo rotundamente a esa imagen.

Quizá no sobre decir que no escribo este comentario para defender a ninguno de los actuales acusados, ni más faltaba, quienes me conocen o me han leído saben que soy directo y no tengo temores en señalar la corrupción de todo tipo, pero ante semejante tsunami de noticias creo que los ciudadanos, en especial los jóvenes, no se pueden formar un concepto general falso: que el Estado y las instituciones son un nido lleno de ladrones por todas partes menos por ninguna.

Además, mucho cuidado, hay otro tipo de corrupción y perversidad quizás más dañina, que aunque siempre se ha presentado, en estas épocas confusas de carnavales de carruseles y escándalos es más susceptible de darse: cuando los encargados de acusar, investigar, informar u opinar señalan y hasta se ensañan contra funcionarios probos o instituciones en sí, a veces motivados también por dinero, otras por venganzas o ánimos políticos, y en muchas ocasiones por sensacionalismo vendedor. Por eso hay que tener prudencia y ética, tanto por parte de los medios como por los funcionarios fiscalizadores e investigadores.

Por tal razón, en el caso de los medios es necesario, como escribió hace poco en su columna Carlos Castillo Cardona (Eltiempo.com, 16-2-11) saber -si lo hay- quién es “el amo de las palabras” de periodistas y columnistas, tanto de los que ensalzan como de los que critican.

Por otro lado, urge enseñar a los ciudadanos cuándo los fiscales, jueces y órganos de control llaman a una persona a declarar como testigo o sindicado, a declaración libre y espontanea, qué es indagación preliminar, y en general que aprendan a diferenciar los tecnicismos jurídicos de cada llamado y condición, pues hoy con sólo pasar por la puerta de un juzgado llegan las condenas públicas.

Sé que no faltará quien me haga el comentario de siempre: no sea iluso o soñador, y hasta habrá quien diga que estoy con los corruptos. No importa, simplemente soy sincero y expreso lo que sé: conozco muchísimos funcionarios y contratistas honestos, de hecho, son la mayoría.

No es cierto que todo el mundo tiene un precio y mucho menos que “la corrupción es inherente al ser humano”. No es cierto que todos los colombianos llevamos un corruptico (ni menos un paraquito) en el corazón. En Colombia cunden los hechos de corrupción, sí, pero a Colombia no se la están robando, y la clase política no está podrida. Eso sí, pienso como el ex presidente Turbay: hay que reducir la corrupción a sus justas proporciones, pero mi opinión es que esas justas proporciones son cero.

Hablo con profundo y comprobado conocimiento de causa. Eso sí: no tengo por qué felicitar a los honestos, es apenas su obligación.

sábado, 19 de marzo de 2011


Chávez, Maradona & Cía.

Álvaro González Uribe, 2 de agosto de 2010

Chávez se volvió la mascota de los personajes más polémicos del mundo, que convirtieron al Palacio de Miraflores en la alfombra roja para exhibir sus rentables excentricidades de farándula, sin ni siquiera recibir petróleo. Antes iban de safari al África o se empelotaban, hoy van a Caracas. Eso sin contar a los pintorescos pero temibles presidentes que usan de vitrina el palacio de Miraflores. ¿Por qué mejor no van retratarse con Shrek, París Hilton o Mike Tyson?

De Maradona ni hablemos. Dios los cría… Había que verlo muy posesionado como un alto asesor enano, observando medio zurumbático con suficiencia a Chávez cuando éste rompía relaciones con Colombia. Con su cabezota parecía uno de esos reencauchados que salen en nuestra TV, mirando para arriba como buscando ovnis, igual que se mantiene siempre, incluso en las canchas. Eso sí, hay que abonarle que estaba enterado de que Santos fue Ministro de Defensa de Uribe, ¡qué politólogo! “Estoy con él a muerte”, esnifó refiriéndose a Hugo. Ya en el 2005 había dicho: “A mi me gustan las mujeres, pero estoy enamorado de Chávez”. En fin, fue muy deportiva la ruptura con Colombia. ¿Tendrá el Pelusa aún el cinco a cero en su cabezota? Ojalá Chávez no lo nombre técnico de la Selección de Venezuela sino ministro de relaciones exteriores; que no se equivoque en esta.

Y si allí estuvo Maradona tan recordado por el pasado Mundial de Fútbol (el hombre de acero: dos a cero, tres a cero, cuatro a cero…), solo faltan en Miraflores dos personajes más importantes y estos sí gratos: el pulpo Paul y la modelo paraguaya Larissa Riquelme “la novia del Mundial”, cada uno al lado de Chávez, sentaditos a su mesa entarimada. Eso sí, que Lari se amarre bien el celular entre sus Andes, pues compitiendo con el manilargo de Paul -ya sin la mano de Dios de Maradona- el paracaidista sería capaz de arrebatarle el aparato con el fin de pegarle una costosa llamadita al compañero Evo, para dar más show y, además, para darnos envidia.

Sean Penn, el niño terrible de Hollywood, que casi siempre hace papeles de malo -se le facilitan por su vida rebelde y díscola- ha declarado su amor a Chávez y lo ha visitado en dos ocasiones; quizás haber sido esposo de Madonna lo emparenta con Ma-ra-dona. Oliver Stone, el talentoso pero provocador y torpe director de cine (dijo que las Farc son heroicas), hasta documental le hizo.

Naomi Campbell, la agresiva modelo con líos de drogas y alcohol, también es admiradora de Chávez, ¿qué tan raro, no? Se mechonea (¿esa será la famosa “Mechuda?) con sus asistentes y la grosería se le sale por todas partes facilito; yo prefiero a Larissa que se le salen otras cosas mejores, también por todas partes. Igualmente Kevin Spacey, otro actor con fama de rebelde -algunos dicen que “enigmático”- es fan del Coronel.

Y hay más. La cantante rockera Courtney Love, viuda del fallecido líder de la famosa banda Nirvana -el mítico Kurt Kobain-, carne de chismes de baja cama, ex drogadicta y peleadora, pertenece también al club del “político favorito de los famosos” como lo llama la página web de Orange (¡qué famosos, por Dios!, yo los llamaría “los famosos alternativos”). Incluso, la Love dijo que no descarta un romance con Hugo y que lo pilló mirándola sugestivamente. Danny Glover engrosa el elenco y parece ser el formalito del grupo, aunque claro, como buen actor sabe arrimarse a donde están los flashes destellando hacia lo que se atraviese.

Sinceramente, no creo que estas estrellas estrelladas entiendan mucho de política y sepan qué es socialismo o capitalismo, ni distingan entre un cilindro bomba o una motosierra -al igual que Chávez- ni conozcan lo que su ídolo realmente es ni el daño que está causando, pero ellas lo ven como otro actor de cine en acción, estrambótico y farandulero, una especie de King Kong, Gotzilla o Pie Grande, diferente y desfachatado en contraste con los elegantes hombres y mujeres de estado. Y eso los “mata”, como dicen las señoras.

¿Cuándo le llegará el otoño sin que llegue a patriarca?

viernes, 18 de marzo de 2011

Balón de letras

Álvaro González Uribe, 20 de junio de 2010

A propósito del pasado Mundial de Fútbol -¡Oh dicha!-, no sé qué sea más grato y sorprendente, que la literatura tenga al fútbol como tema o que este deporte dé hasta para la literatura. Ambas actividades se enriquecen de esa unión. Recuerdo durante el Hay Festival de Cartagena del 2007 un delicioso diálogo entre Daniel Samper Pizano, el cronista deportivo español Santiago Segurola y el ex futbolista Jorge Valdano sobre el fútbol y su relación con el arte de las letras; o viceversa. Se ha escrito mucho sobre la unión entre fútbol y literatura, matrimonio que unos alaban y otros aborrecen, como Borges, quien con su odio al fútbol lo estigmatizó para los intelectuales.

Lo cierto es que el fútbol ha sido tema de escritores famosos, tales como Sábato (fue jugador de divisiones inferiores), Camilo José Cela, Kundera y hasta el taciturno Miguel Hernández. También escribieron sobre fútbol -unos con meras alusiones y otros en abundancia- Vargas Llosa, Umberto Eco, Cortázar, Eduardo Galeano, Osvaldo Soriano, Alfonso Alcalde, e incluso los míticos Alberti y Benedetti (recuerdo su cuento, “Puntero izquierdo”).

¿Y qué tal esta?: “El goleador es siempre el mejor poeta del año”, escribió el inmenso director de cine Pasolini.

Lo que sí parece mentira, y que dice mucho de Neruda y también del fútbol, es que el etéreo poeta haya pensado alguna vez en este deporte tan terrenal -quizás entonces no lo sea tanto- para incluirlo aunque fuera fugazmente en su obra. ¡Quién lo creyera!: Puedo meter los autogoles más tristes esta noche. Escribir, por ejemplo: El equipo está estrellado, y tiritan, azules, los astros, en la cancha. O dirigido al goleador del equipo contrario: Me gustas cuando no haces goles porque estás como ausente... Bueno, éstas son parodias mías, pero el gran poeta de América sí mencionó al fútbol en “Colección Nocturna”: “(…) Mi pardo corcel de sombra se agiganta, / y sobre envejecidos tahúres, sobre lenocinios de escaleras gastadas, / sobre lechos de niñas desnudas, entre jugadores de foot-ball, / del viento ceñidos pasamos (…)”.

Y miremos el partido al contrario: Si bien hay escritores que se han metido con el fútbol, también hay futbolistas metidos con la literatura, así no sea la más encopetada. El caso actual más significativo es el del mismo Jorge Valdano, campeón mundial con Argentina en 1986.

También en el tema entran locutores radiales de fútbol, a quienes algunos odian por gritones pero muchos idolatran, haciéndolos incluso más famosos que a los mismos jugadores. Juan Sasturain, escritor y periodista deportivo argentino -citado por la escritora Ángela Pradelli- dijo que el narrador de fútbol cuenta un cuento; relata con su propio estilo lo que ve, y que eso es arte. Creo que sí lo es. En Colombia diríamos que son cuenteros. Tiene que ser arte esa capacidad de hacer surgir sentimientos de toda índole en un radioescucha a quien el buen locutor es capaz de meterle en cabeza y corazón un partido con colores, olores, temperaturas y sudores.

El narrador de fútbol cuenta su propio partido, diferente al que se juega en la cancha por mucho que intente ser fiel, y ello, aunque parezca absurdo, es precisamente lo artístico. Crea su propio partido con palabras, hasta el punto de que dos locutores narran partidos completamente diferentes, así observen el mismo encuentro en la misma cancha y a la misma hora. Generan sensaciones distintas, y la realidad, a fin de cuentas, nos llega convertida en sensaciones. Y esa es la realidad...

Y dijo también Sasturain: “El manejo de la pelota, como del lenguaje -puestos en buenos pies y manos- son un desafío a la creatividad”.

Pitazo final:Pronto aprendí que la pelota nunca viene hacia uno por donde uno espera que venga. Eso me ayudó mucho en la vida… Porque, después de muchos años en que el mundo me ha permitido variadas experiencias, lo que más sé, a la larga, acerca de moral y de las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol…”. Palabras aparecidas en la revista argentina La Maga, cuya autoría es del ex arquero del equipo juvenil de la Universidad de Argelia -RUA-, el inquieto Albert Camus, Premio Nobel de Literatura en 1957.

viernes, 4 de marzo de 2011

El sanitario de Lennon
Por Álvaro González Uribe, 27 de agosto de 2010


La noticia no fue presentada en los medios como una extrañeza. Conjuntamente con un raro disco suyo que tuvo más despliegue, se informó que un inodoro usado por el asesinado ex beatle John Lennon será sometido a subasta, o a “puja” dice al inicio la nota de la agencia Efe, término más apropiado para el objeto ofrecido.

Conociendo a los fanáticos del cuarteto de Liverpool -entre ellos yo- no es de extrañar el hecho. Cualquier objeto que por alguna circunstancia haya estado en contacto o pasado por alguna presa de los cuatro genios musicales tiene un gran valor. En Medellín el chisme -nunca supe si cierto o no- era que “Chamizo”, un conocido vendedor de discos del Centro, atesoraba una colilla de cigarrillo de uno de ellos, no recuerdo de cuál.

Termina la nota de la Agencia Efe: “El otro objeto estrella de la subasta lo constituyen pedazos del inodoro de Lennon, procedentes de su hogar de Tittenhurst Park, la casa en la que el músico habitó entre 1969 y 1972. En su día, Lennon pidió al constructor John Hancock que se quedara con la taza de porcelana ‘y la usara como maceta’ después de que él se hiciera instalar un nuevo aseo. Dicha taza de váter se instaló en un cobertizo que tenía Hancock en su domicilio y ahí se mantuvo durante 40 años hasta el día en que ese último falleció recientemente. Ahora ese objeto podría venderse por una suma de entre 750 y 1.000 libras.” (Luego de escribir esta columna, hace dos días fue subastado efectivamente en 9.500 libras -14.740 dólares-, es decir, cerca de nueve veces más…).

De todas maneras, no deja de ser jocoso que esta vez la reliquia de marras sea un sanitario, inodoro, retrete, taza, letrina, váter o escusado, aunque tampoco es un caso único en el mundo. Hace cerca de cinco años fue noticia nacional que de la casa museo del maestro Lucho Bermúdez en El Carmen de Bolívar, se robaron su mica (bacinilla, hermana menor del sanitario) que estaba expuesta junto con objetos menos prosaicos del gran músico. Cuentan que sobre su pequeño trono portátil de peltre, nuestra famosa gloria colombiana compuso la canción “Salsipuedes”, durante un largo ataque de estreñimiento.

En Boston existe el Museo Americano de Inodoros, mientras que en Nueva Delhi está el Museo Internacional del Inodoro, según sus dueños para “denunciar que 2.500 millones de personas carecen de acceso a sanitarios en el mundo”. En ambos hay cientos de estos aparatos de todas las formas, colores y épocas. Interesante, pues sin duda forman parte de la cultura humana. No creo que allí exhiban los extravagantes sanitarios con manijas de oro que tenían los mafiosos colombianos y quién sabe cuáles otros potentados fríos y calientes.

A veces se nos olvida que hasta los personajes más poderosos, importantes, santos y famosos también van al baño, como decimos en Colombia por decir “ir al sanitario” o “hacer p… o p…”, como si eso fuera indecente. Vergonzoso sería esperar o no ir, lo cual podría contribuir al calentamiento global, a marchitar un arbolito, o convertirnos en blanco de una culebra o de algún sádico en un matorral cualquiera. Todos decimos "voy al baño", y aparecemos secos -no siempre- e igual de sucios en un restaurante, oficina o donde sea.

De sanitarios sé otra historia que creo verdadera de tanto expresarla su protagonista. Siendo éste piloto de una conocida aerolínea comercial, hace cerca de 40 años volaba encima de Aracataca, y como su copiloto cataquero se lamentaba mucho de cierto mal trato en su pueblo natal, mi amigo el capitán descargó el contenido del sanitario del avión encima de Macondo (no sé si llegaría congelado). El Capi adoba la historia diciendo que el cura estaba en misa campal y al ver caer el producto cantó aleluyas por el maná que caía del cielo.

Lo del cura por ser carreta no deja de ser gracioso. Hoy en los aviones se usan químicos que neutralizan los contenidos de los sanitarios, pero antes se descargaban en tierra tal y como salen a luz. Eso sí, imagino que pocos lo hacían en vuelo y menos sobre la tierra del realismo mágico, pero, ¿qué otro pueblo podía recibir ese particular maná de los cielos sino Macondo? Quizás devolvía favores Remedios, la bella.
Por los oprimidos, ¡Presente!
Por Álvaro González uribe, noviembre 15 de 2008

Soy un oprimido en Colombia. No califico como indígena, ni como afrodescendenciente, ni amenazado, ni desplazado, ni damnificado, ni pobre (aunque eso es relativo), ni rico (también relativo), ni discapacitado, ni adulto mayor, ni madre cabeza de familia, ni LGTB, ni uribista o antiuribista, ni de izquierda o derecha si es que el asunto es de lados.

Tampoco soy niño, ni mujer, ni desmovilizado, ni reinsertado, ni sindicalista, ni exportador, ni campesino, ni cortero, ni cafetero, ni minifundista o latifundista, ni acreedor de pirámides, ni vivo en zona de alto riesgo ni al lado del volcán Machín o del nevado del Huila, ni soy gestante ni lactante. En resumen, los de mi condición que aparentemente somos la mayoría “no somos nada”, como decía el borracho ya en las ultimas de su rasca. Bueno, al menos soy “verdadero negativo” y no “falso positivo”.

Es jocoso pero cierto. Ese desubique tiene su profundidad y paradójicamente se volvió discriminación. La gran torta social quedó del tamaño de un comapán de tanto sacarle tajadas para proteger y compensar a varios sectores, es decir, la mayoría quedó minoría. Empezamos ya a ser los vulnerables y vulnerados, pues nos dejó el bus de los subsidios, los privilegios, las exenciones, las exoneraciones, las bonificaciones, las indemnizaciones, las reparaciones, las gabelas, las prebendas, los CERT, las compensaciones, las canonjías, y los perdones y los olvidos.

Somos una minoría sufrida, olvidada, desplazada, descamisada, mejor dicho, jodida, con el agravante de que casi todos los "dis", los “ados” y los "istas" nos miran maluco como los causantes de sus males, aunque yo diría que más bien, por el contrario, somos los generadores de sus beneficios, pues hacemos esa diferencia que les ayuda a aliviar sus carencias, lo que además, y dejo claro, no crítico y me parece justo.

Cuando lleno cualquier formulario siempre me toca dejar en blanco las casillas donde indagan por alguna condición especial o vulnerable, según los parámetros actuales. En un principio debería dar gracias a Dios, a mi’apá y a mi’amá y a todos los que han contribuido a que esté mejor y sobreviviendo (y las doy, claro), pero pensándolo bien, esas casillas vacías lo dejan a uno abandonado a la suerte de los que tenemos que pelear solos contra el mundo, sin ayuda de nadie.

Y digamos que eso suena justo y ¡hágale!, pero es que se exageró, y los que se supone estamos equipados con todas las herramientas para defendernos, quedamos en desventaja frente a las herramientas no convencionales de los clasificados como vulnerables.

De todo esto me hizo caer en cuenta Obama en su discurso aquella noche de Chicago, cuando se refirió a los diversos sectores que votaron por él, incluyendo a "los discapacitados o no discapacitados", frase ésta que me llamó la atención, ¡al fin alguien se acordaba de mi!

Quizá en el sueño americano de los americanos de Estados Unidos (pues los gringos se creen los únicos americanos y los demás nos tragamos el cuento) funcione esa igualdad para muchas cosas, pero acá no. Acá hay que buscar rapidito alguna vulnerabilidad de cualquier tipo porque sino quedamos “out”.

Y lo peor como ya dije, somos los culpables o nos hacen sentir así: todos los padres maltratamos, secuestramos o asesinamos a los hijos, todos los blancos despojamos a los indígenas y discriminamos a los negros, los hombres somos todos machistas e infieles, todos los maridos les pegamos a las esposas (de uno), y siga que cárcel, purgatorio e infierno son poquito.

Propongo una marcha hacia Bogotá de todos los que no somos indígenas, ni discapacitados, ni madres cabeza de familia, ni afrodescendientes, ni niños, ni ancianos, ni desplazados, ni amenazados, ni exportadores, ni sindicalistas, ni mujeres, ni desmovilizados, ni estrato uno, ni víctimas de minas antipersonas, ni nada..., eso: de los que no “somos nada”. ¿Será que nos juntamos siquiera tres, y que, además, no nos linchan en el camino por explotadores, discriminadores y abusivos?